Una vez, en
uno de mis sueños soñé que yo y mi familia estábamos en lugar grande e
interesante que nos asombraba habían animales gigantes y las persona no botaban
la basura al suelo, no usaban mucho humo, no era nadie malo y todos se,había mucha paz respetaban, nosotros; solo observábamos todo lo que había, nosotros no sabíamos
que hacer, yo no sabía que hacer y estuve buscando un poco de alegría y
divertirme.
Lo malo de
ese lugar que parecía perfecto, era que nadie se divertía, no eran felices, de
nada valía la vida si nada era divertido.
Yo nada
podía hacer, solo con los niños de allí
yo hablaba, les decía como era ser feliz, como hacer que la vida sea mejor;
ellos se asombraban por las cosas que le contaba y yo seguía pensado como
mejorar las vidas de esas personas.
Día y noche
me puse a pensar; y un día me encontré con una niña linda, buena y humilde; yo
me le acerque y me puse a hablar con ella sobre la felicidad.
Yo me iba
todos los días a hablarle y un día se me ocurrió porque no podía reírme y
portarme como si fuera el más feliz de
todos, y, así un día lo hice empecé a reír y a sonreír a todos; todo el mundo
me vió y comenzó a sonreír me y me dijeron que descubrieron su felicidad.
Al día
siguiente un señor vino corriendo y empezó a robar cosas, nadie hizo nada al
ver que habían robado, muchos días
habían pasado y muchas personas empezaron a ser malas y yo no sabía que hacer
al ver que nadie era como lo que eran antes.
Eran malos todos, menos mi padre, mi madre, la
niña y yo quise visitar a la niña buena, hablé con ella sobre lo que estaba
pasando.
Ella no
sabía que hacer y yo tampoco; nunca volví a ser el mismo desde que todos eran
malos; nadie quería a nadie, al principio todo era normal y bueno
Al día
siguiente fui a buscar a mis padres y me había dado cuenta de que mis padres no
estaban y un señor me dijo que mis padres habían muerto.
Yo me puse a
llorar por muchos años, empecé a vivir
solo y quise ser buena persona con todos, pero ellos me trataban mal.
Yo empecé a
portarme mal, empecé a robar, empecé a matar
muchos cadáveres, muchos heridos y yo seguía robando, pero un día de
esos escuché una voz que me decía: debes ser bueno y no malo; yo cambié y volví
a ser bueno y una vez un señor malo vino y me mató y un segundo después
desperté y me puse feliz por haber soñado algo así.